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El gran reto del artista contemporáneo: salvar el abismo entre arte y público

08/03/19

A primera vista, Armando y Melanie no tienen mucho en común. Él es un sevillano que apenas pasa de la treintena. Ella, una ex enfermera de más de sesenta que reside en la pequeña localidad británica de Cornwall. Sin embargo al verlos juntos se percibe el poderoso nexo que los une, y que traspasa las barreras geográficas y de la edad: el arte como forma de vida.

Durante el mes de febrero, Armando Radabán y Melanie Johns -conocida artísticamente como Overlap- han compartido espacio de trabajo en el taller del primero, en la sevillana calle Goles. En el estudio, repleto de obras acabadas y en proceso de Armando, pueden verse también algunas creaciones de Mel, que seducida por el influjo de la ciudad, recurre a elementos cotidianos como la publicidad de los supermercados para dar a su obra una nueva dimensión.

El visitante también puede encontrar algunos trabajos en común. Mezcla del vibrante colorido de la obra de Armando, -cuyas pinturas toman como referente el paisaje y son inspiradas por pintores como Katharina Grosse, Kasimir Malévich o Piet Mondrian- y la geometría que caracteriza muchas de las obras de Overlap, encontramos una creación que recuerda a los coloristas azulejos que visten patios andaluces y marroquíes.

No en vano, según nos explica Melanie, la experiencia en Andalucía le permite descubrir ese elemento oculto, el factor sorpresa que sólo aparece ante la mirada de quien se acerca por primera vez a una realidad hasta entonces desconocida.

Esta colaboración artística ha sido posible gracias a la iniciativa The Twist, una acción que forma parte del proyecto europeo CARPET (Craft Art and People Together) de la Fundación Tres Culturas. La finalidad de éste es facilitar la movilidad y el trabajo de artistas pertenecientes a los distintos países que participan en CARPET: España, Portugal, Reino Unido y Marruecos.

Pero el proceso creativo no se puede inducir. Forma parte de ese misterioso universo que engloba a artista y obra, y que siempre va acompañado de trabajo duro y pasión. Por eso The Twist no obliga y no espera un resultado concreto. Sólo busca dar la oportunidad de conocerse e influirse a creadores que sin un poco de ayuda sería difícil que coincidieran, como Melanie y Armando. La creación de estos espacios de trabajo conjuntos permite a los participantes compartir conocimientos y experiencias con plena libertad, para que puedan aportar a sus propias obras diferentes perspectivas.

En palabras de Armando Rabadán, “todo es muy experimental; se trata de descubrir la energía del otro y, con suerte, nacen sinergias que darán lugar a algo nuevo que quizá nos acompañe el resto de nuestras vidas artísticas. Porque cada persona, cada artista, es un pozo de información y estímulos para el otro”.

Para continuar con este lazo, a primeros de mayo Armando viajará a Cornwall para trabajar en el taller de Melanie Johns, ubicado en una escuela reconvertida en espacio de coworking donde se practican multitud de disciplinas artísticas y artesanales. Hasta allí llegó Mel movida por su gran pasión por el arte y gracias al Krowji Graduate Studio Award. Tras una vida profesional dedicada a la enfermería, su evolución como artista plástica pluridisciplinar le permitió por fin afincarse en este pueblecito para convertirse por entero en Overlap y dedicarse por entero a crear.

En el complejo proceso de conformar un estilo, una firma, todo influye. Por ello su filosofía artística tiene mucho de esa profesión a la que dedicó media vida. “Durante años trabajé el concepto de medicina preventiva. Acciones que no buscan curar, sino mantener nuestra salud en buen estado. Para mí el arte es lo mismo. No lo considero una terapia (aunque pueda tener esa vertiente) sino una forma de mantener sana nuestra mente, nuestra creatividad y equilibrio. Por eso, por ser algo que mejora y enriquece la vida, el arte debe estar abierto a toda la ciudadanía”.

Desde otra perspectiva, Rabadán incide en esta idea de compartir el arte con el gran público: “La apertura de los estudios a los visitantes para que puedan ver dónde se crean y crecen las obras y conocer su hábitat natural favorece la conexión con el arte y con el creador, ya que en muchas ocasiones los espacios expositivos, tan asépticos, roban parte de la fuerza y el significado de la obra. Y en este sentido la Fundación Tres Culturas está haciendo una gran labor, para borrar esa incomprensión del público hacia el arte”.

Por su parte, Overlap basa su trabajo en acciones en las que implica a otras personas para su realización, con especial interés en los actos cotidianos. Sus trabajos están muy relacionados con el medioambiente y la sostenibilidad, teniendo el dibujo y la geometría como bases de estudio. Habitualmente desarrolla prácticas en colaboración con distintos colectivos de ciudadanos para dar al arte ese sentido social del que nunca debió ser despojado.

Ambos, a su manera, tratan así de salvar el abismo existente entre artes plásticas y gran público, abierto aún a pesar de los esfuerzos de numerosos artistas contemporáneos por acercar su mensaje a los no iniciados.

“En las artes plásticas, y sobre todo contemporáneas, es donde más se nota esa distancia”, se lamenta Rabadán. “El disfrute de la música, por ejemplo, está extendido por todos los estratos sociales porque no requiere de una explicación, llega directamente a los sentidos. Pero en el caso de la plástica es distinto. No se forma a los niños y jóvenes en el disfrute de un cuadro o una escultura contemporáneos y simplemente no saben apreciarlo”.

El arte quiere comunicar. Quiere vivir más allá del museo y el salón burgués. Lleva siglos clamando. Pero para conseguir este objetivo es necesario que artistas e instituciones se impliquen. Los primeros, abriendo sus puertas a todo aquel que desee asomarse al cosmos que supone un atelier. Explicando, haciendo partícipe al mero observador que poco a poco se convertirá en amante. Las segundas, fomentando políticas e iniciativas que faciliten el acercamiento a esa esfera que las feroces leyes del mercado han alejado (remediablemente) del gran público.

La Fundación Tres Culturas lleva años poniendo su granito de arena en esta labor por siempre inacabada. Exposiciones e iniciativas de este tipo que desde hace dos décadas forman parte ineludible de la filosofía y la programación de esta institución. Acercar a través del conocimiento.

Como ejemplo, el Red CARPET Open Studio Tour: un recorrido por distintos estudios y espacios creativos en el centro de la ciudad de Sevilla en el que participó el propio Armando Rabadán, que a pesar de estar por entonces en Estambul, disfrutó desde allí de ver su taller rebosante de público.

Aún queda mucho por hacer. Mientras tanto, en Tres Culturas seguimos reivindicando la labor del artista y apostando por el poder del arte.

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