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Novedades editoriales de Oriente Próximo y el Mediterráneo para terminar 2016

02/12/16

En los últimos años el flujo de traducciones al español de obras de escritores originarios de Oriente Próximo ha sido constante –aunque sin alcanzar aún, ni de lejos, los niveles de las editoriales anglosajonas- lo que ha permitido a los lectores acercarse a una producción literaria tan diversa e interesante como desconocida. A ello han contribuido varios factores, entre ellos, la creación del International Prize for Arabic Fiction que, además de implicar un premio en efectivo, conlleva la traducción de las obras ganadoras al inglés, lo que ha permitido su acceso a los mercados internacionales. Por otro lado, un número significativo de estos autores ha optado por escribir directamente en francés o en inglés, compitiendo de esta forma por prestigiosos galardones literarios concedidos en estas lenguas y que atraen a editoriales de todo el mundo para su traducción a otros idiomas.

En estas últimas Reflexiones de 2016 reseñamos tres de las obras que han aparecido recientemente en español, para  finalizar un año que ha estado marcado por la calidad y la variedad de las traducciones.

2084. El fin del mundo’ (Seix Barral, 2016) de Boualem Sansal viene avalada por el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa, la primera vez que se otorga este galardón a un autor argelino y que le fue concedido ex aequo junto al escritor tunecino Hédi Kaddour por su obra ‘Prépondérants’, así como por la mención como Mejor libro del año 2015, según la prestigiosa revista Lire. Este 2016 ha sido también, sin duda, un buen año para los seguidores de la obra del escritor argelino Yasmina Khadra. A la aparición de una nueva edición de la ‘Trilogía de Argel’ de la mano de Alianza Editorial, le ha seguido la publicación de ‘El olimpo de los desdichados’ (Destino, 2016), una de las pocas novelas recientes de este autor que no había sido aún traducida al español y que fue publicada originalmente en el año 2010.  ‘Reflexiones’ dedicó una de sus entregas a este autor y a la novela negra en el Mediterráneo (http://www.tresculturas.org/noticia/reflexiones-novela-negra-mediterraneo/). Finalmente, por fin vio la luz en español la primera obra del israelí, Etgar Keret, ‘Tuberías’ (Siruela, 2016), una recopilación de relatos cortos que pasó desapercibida cuando se publicó en 1992, pero que sí había sido traducida a otras lenguas como el francés, inglés, ruso, búlgaro o griego.

Boualem Sansal, 2084. El fin del mundo (Seix Barral, 2016)

2084 es la fecha del inicio del Char, la Gran Guerra Santa. O quizás el momento de su final. Tal vez, incluso, haga referencia al nacimiento de Abi, el Delegado de Dios, en cuyo honor el país pasó a llamarse Abistán. Hace ya tanto tiempo de aquello que nadie se acuerda y sólo se sabe que esos cuatro dígitos aparecen inscritos por todo el país en enormes paneles conmemorativos. La Historia anterior a esa gran efeméride no se enseña en las escuelas. Tras el Char, que se extendió durante varios decenios, un Nuevo Sistema se impuso en el planeta, construido a partir de las enseñanzas del dios Yölah, transmitidas a través de su fiel Delegado, el inmortal Abi, el Honorable Gran Comendador que gobierna el país y cuyo retrato cuelga por todas las paredes. El Honorable se apoya para ejercer su poder en la Justa Fraternidad, una congregación de cuarenta poderosos dignatarios elegidos por él mismo…. Con una minuciosidad exhaustiva, Boualem Sansal va ensamblando el engranaje de los mecanismos que componen esta distopía electrizante, cuya calidad narrativa le ha valido uno de los más prestigiosos galardones literarios de Francia.

La novela plantea un universo opresivo y asfixiante dominado por un sistema teocrático basado en la distorsión de una religión primigenia de la que apenas queda vestigio. Aunque el islam –o, para ser más exactos, el islamismo- no se nombra expresamente a lo largo de toda la obra, las concomitancias con su universo ritual, geográfico, e incluso lingüístico, son aparentes. La profesión de fe del nuevo dogma, ‘No hay más dios que Yolah y Abi es su Delegado’, recogido en El Gkabul, el libro sagrado revelado por Yölah a Abi, tiene ecos evidentes de la Shahada, la declaración de fe islámica en un único dios y en Muhammad, su enviado. Los niños abistaníes aprenden 99 sentencias en sus colegios, como los 99 nombres de dios en el texto coránico. Sus mujeres van cubierta con burniqabs, unas prendas que las cubren de la cabeza a los pies. Mientras que en la Ciudad de Dios, en la capital del país, Qoqsabad, se erige la Kiíba, lugar de peregrinación sagrado para todos los habitantes del país…

En este universo deprimente aparece nuestro héroe, Ati, a través del cual vamos descubriendo con aprensión las normas de la vida en este país y que torna la novela en un claustrofóbico y excitante relato de aventuras de las que deseamos tanto seguir sabiendo como ansiamos escapar. Patrullas callejeras de Cívicos vigilan constantemente a sus vecinos para que no se aparten del cumplimiento de las normas sagradas. Los Terribles V son capaces de leer la mente de sus conciudadanos para perseguir cualquier pensamiento discordante. Los Nadirs, periódicos electrónicos murales instalados por todo el orbe, informan a la población 24 horas al día sobre los triunfos del Sistema y las derrotas del Enemigo. A esta sensación de asfixia contribuye el desconocimiento de datos sobre el país, del que se ignoran sus dimensiones –no hay mapas del mismo- y donde no existe la noción del tiempo –a excepción de la fecha que da título al libro, el tiempo en Abistán es concebido como uno, indivisible e inmóvil.

‘2084. El fin del mundo’ es una crítica incisiva del fanatismo religioso y de la manipulación de la religión por parte del poder para crear un “bienaventurado alelamiento”. Sansal recrimina esta adulteración de la religión de manera clara y abierta a lo largo de la obra: “En su infinito conocimiento del artificio, el Sistema no tardó en comprender que la hipocresía era lo que hacía al perfecto creyente, la fe que, por su naturaleza opresiva, lleva a la zaga la duda, cuando no la rebeldía y la locura. También comprendió que la religión verdadera no puede ser sino la beatería bien reglamentada, erigida en monopolio y mantenida por el terror omnipresente”. La crítica al extremismo religioso va vinculada a aspectos lingüísticos. La manipulación de la población en Abistán se apoya -¿es acaso posible sin ella?- en la invención de una nueva forma de expresarse, la abilengua, único idioma permitido en el reino. Una lengua que no recoge los conceptos abstractos y que se compone exclusivamente de palabras de una sílaba, o dos como mucho. “Si algunos llegaron a pensar que con el tiempo y la maduración de las civilizaciones las lenguas se alargarían, ganarían en significado y en sílabas, aquí había ocurrido lo contrario: se habían acortado, empequeñecido, reducido a colecciones de onomatopeyas y exclamaciones (…)”.

En el fondo del planteamiento de Boualem Sansal en esta obra –más allá de los aspectos ya señalados y de su homenaje a la célebre obra de George Orwell1984– subyace un canto nostálgico a la variedad cultural y lingüística que caracterizó al siglo XX, así como una llamada abierta a no repetir sus muchos errores en una obra que induce a la reflexión y que es, sin duda, una de las mejores novelas de este año.

Yasmina Khadra, El olimpo de los desdichados (Destino, 2016)

‘El olimpo de los desdichados’ transcurre en un vertedero, un descampado a las afueras de cualquier ciudad, flanqueado por las dunas y el mar Mediterráneo, por el que va desfilando una serie de personajes rotos, como juguetes viejos que hace tiempo dejaron de tener alguna utilidad: un aspirante a soldado, un par de autistas ancianos y cacoquímicos, un ex presidiario cruel y fanfarrón… O el Músico, un tuerto al que le gusta tocar el banjo y que ha desarrollado una filosofía nihilista que justifica y da sentido a su existencia en el vertedero.  Para el Músico, el basurero es la patria de los Horr (de la raíz árabe hurr -libre, independiente-), la tierra de “los vagabundos que se respetan y caminan con la cabeza muy alta”, un hogar sin papeles ni banderas, sin lemas, ni toques de queda, donde comprar está prohibido y pronunciar incluso ese mismo verbo, proscrito -si un Horr se encuentra con un billete debe escupir sobre él-, una patria que consideran su Olimpo y donde pueden ser sus propios dioses. Los vagabundos de paso pueblan también el vertedero, aquellos que deambulan por diferentes basureros en un continuo errar. Y, en medio de esta caterva destituida, está Junior, una especie de Kaspar Hauser de los suburbios al que el Músico adopta como mentor, pero al que tienta explorar las posibilidades de la vida en la ciudad.

Traducida de manera magistral por Wenceslao-Carlos Lozano, experto en Yasmina Khadra, del que ha vertido al español ocho novelas y varios relatos, ‘El olimpo de los desdichados’ es una obra descarnada, de esas que tocan el nervio y a través de la cual llegamos a encariñarnos con unos personajes tan alejados de nuestra existencia como plausibles, detritus humanos escupidos por cualquier sociedad contemporánea.

Etgar Keret, Tuberías (Siruela, 2016)

Esta colección de relatos cortos del aclamado escritor israelí recoge su primer cuento, que da nombre además a toda la compilación. Según cuenta el propio autor, escribió el relato ‘Tuberías’ en una sala de informática de una base del ejército israelí mientras realizaba el servicio militar obligatorio. De hecho, cualquier lector que se acerque a estos relatos sin conocer la procedencia geográfica de su autor entenderá rápidamente que éstos trascurren en un lugar en conflicto, en un territorio en guerra. Considerado como una de las voces israelíes con mayor proyección internacional, Keret hace abundante uso del humor negro, el surrealismo y lo absurdo en esta obra, en la que sentimos el pulso de una sociedad marcada por la violencia y la tensión, pero en la que queda espacio para la creación literaria. Estos son algunos de los rasgos que caracterizarán el corpus literario de Etgar Keret y que aparecen ya en esta primera compilación.

En su mayor parte, estos relatos reflejan escenas cotidianas en un país en el que lo cotidiano se aparta sustancialmente de lo que en otros lugares se entendería como normal. Así, la violencia, la injusticia y la arbitrariedad en la vida de los soldados israelíes es una constante en toda la obra, en la que abundan las historias de suicidios y de incidentes fatales provocados en muchos casos por refriegas internas o incluso fuego “amigo”. En ‘Días como el de hoy’ un joven soldado llega a la única conclusión que puede salvarle del profundo impacto psicológico que el paso por el servicio militar provoca en muchos de sus coetáneos: esto es el ejército y  “aquí todos comen mierda”.

El conflicto entre israelíes y palestinos está igualmente presente en la obra, en la que quedan claramente expuestos la discriminación y el maltrato de los soldados israelíes hacia la población árabe palestina. En ‘Patrulla motorizada’ (‘Relatos hebreos 1’) se plantea un escenario en el que se invierte incluso esta situación: soldados palestinos patrullan las calles mientras la población israelí bajo ocupación tira piedras desde los tejados.

Este panorama aparece salpicado de historias cotidianas, protagonizadas muchas de ellas por jóvenes y narradas bajo un prisma que ha sido calificado de surrealismo metafísico. ‘La misteriosa desaparición de Alón Shemesh’; ‘Nadie entiende a los cuantos’; Solo por 19’99 shékels’ o el ‘Imitador de humanos’ son ejemplos de este tipo de relatos en los que la sombra de una mirada mordaz, divertida y sardónica se alarga sobre la realidad y que constituyen quizás el núcleo más disfrutable de esta colección.

Finalmente, coexisten narraciones que transcurren en otros países como ‘Gulliver en islandés’ o ‘Relato traducido: “El vampiro o el señor Mc Taggart”’ que curiosamente se encuentran entre los más puramente literarios de la colección, como si el situarse en otro contexto geográfico cambiara igualmente la perspectiva del autor.

Publicado el 29/12/16.